
Desde que vimos el póster anunciándola, queríamos verla. Pero no encontrábamos el momento de desplazarnos a Santes Creus. Y hoy se terminaba. Así que, el jueves a mediodía nos escapamos.
La exposición estaba ubicada en el interior del monasterio. Y nuestra sorpresa fué mayúscula cuando en recepción nos cobraron la entrada, anunciada como gratuita.
"Está mal explicado", nos dijeron. !Y tanto!-Si la hubieran montado en la Sala Municipal, no habría malentendidos.
Estas situaciones creo que deslucen nuestra imagen y la de nuestras instituciones.
No es por el importe de las entradas (hay mucho patrimonio por mantener) sino por la encerrona en la que el visitante se encuentra.
Aparte de esta situación, las fotografías nos gustaron mucho. Vimos escenas tanto bélicas como humanas. Me quedo con estas últimas. Me llamó especialmente la atención la imagen del Barón Rojo mimando a su perro favorito.
Y el Monasterio, como siempre, espectacular. Santes Creus es una joya.
Siempre me ha encantado pasear entre sus piedras. Imaginar cómo seria la vida antaño entre sus muros. Descubrir nuevos rincones y apreciar nuevos matices a medida que pasan los años.
Por eso me casé allí.